Mensaje directo

Fabiola Guarneros Saavedra /

Será que comenzó marzo y está próxima la primavera, pero lo cierto es que ya empieza a rondar en el ambiente un clima febril, de acercamientos apasionados, pero quizá impropios, de querer estar al lado de alguien en público, desatando, en unos, miradas de complicidad y, en otros, condenas inmediatas por contravenir lo establecido.

No me refiero, por supuesto, a una extraña convocatoria surgida en los días recientes en redes sociales para dar un “arrimón masivo” en estaciones del Metro de la Ciudad de México (una ociosidad que puede derivar en reprobables actos de acoso), sino al influjo de amor por el poder que ya se respira en todo el país con miras a ese mítico y ya muy cercano 2018.

La política produce extraños compañeros de cama, dice un conocido adagio, y más pronto que tarde nos daremos cuenta cómo empiezan a tejerse acuerdos o alianzas en medio del pulular de suspirantes a Los Pinos (independientes y de partidos de oposición), que irán sumandose a los que, desde hace meses e incluso años, están haciendo campaña. Tan sólo en la última semana ya se integraron al elenco un aspirante ciudadano, Emilio Álvarez Icaza, y dos gobernadores, Silvano Aureoles y Graco Ramírez.

Los tres tienen en común disputarse el ya de por sí bastante pulverizado espectro de la izquierda mexicana, uno por el lado de las organizaciones no gubernamentales y los segundos en medio de la lucha tribal que históricamente ha estancado al Partido de la Revolución Democrática. Precisamente este canibalismo interno es uno de los argumentos esgrimidos por el líder perredista en el Senado, Miguel Barbosa, para arrimarse a la sombra de Morena.

El lunes pasado, el legislador ofreció una conferencia en la que propuso a todos los militantes de su partido apoyar a Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia de la República, alegando, precisamente, que los pleitos de las corrientes han desgastado las posibilidades del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, a quien antes le había expresado su respaldo.

Y aunque no lo dijo precisamente con estas palabras, sí sugirió que otras tribus andan dándose sus arrimones con otras fuerzas políticas. “Yo veo esa parte y así como algunos expresan su decidido apoyo al PAN, y saben a quién me refiero, básicamente a la corriente Nueva Izquierda, a la corriente de los Galileos, a los gobernadores Graco Ramírez, al mismo Silvano Aureoles y Arturo Núñez, y otros que han expresado su apoyo a Álvarez Icaza, pues yo expreso mi apoyo a López Obrador”, dijo en su rueda de prensa (Excélsior, 28/II/2017).

Por supuesto, el llamado de Barbosa ya desató la furia de sus correligionarios, que ya buscarán la forma de quitarle la coordinación parlamentaria. Pero es muy probable que su llamado no sea necesariamente en vano. No es insensato suponer que otros perredistas valoren las posibilidades reales de López Obrador de llegar a la Presidencia y terminen arropándolo, como de hecho ocurrió en las dos ocasiones anteriores en las que el tabasqueño compitió por Los Pinos.

No se puede negar que, en materia de tejer alianzas, el dirigente de Morena ha dado pasos significativos, si a estas adhesiones le añadimos la presencia en su equipo de los empresarios Alfonso Romo y Miguel Torruco (éste, excolaborador del gobierno de Mancera) y del exsecretario de Gobernación en el sexenio zedillista, Esteban Moctezuma Barragán.

Y aunque en las siguientes semanas es probable que siga la multiplicación de candidatos, lo más probable es que, al final del día, tendremos unos cuantos verdaderos polos de poder a los que terminarán adhiriéndose el resto, y que usarán el capital político que les dejen sus campañas para negociar posiciones.

Aunque la grilla panista esté al rojo vivo entre los presumibles aspirantes —Margarita Zavala, Rafael Moreno Valle y Ricardo Anaya— me resulta difícil pensar en un cisma una vez que se defina la candidatura. Habrá que ver si entre los independientes se logra un candidato único, como ha sugerido Jorge G. Castañeda. Y, por supuesto, está por verse lo que ocurra en el PRI, aunque la tradición ahí es que todo el mundo se arrime con el elegido.

Por lo pronto, serán tiempos en los que muchos estarán tentados a tomar, desde ahora, una posición con la esperanza de tener un lugar en los primeros círculos de los punteros. Dilatarse les representa el riesgo de terminar como arrimados.

Twitter: @Fabiguarneros

Compartir

No hay comentarios

Dejar respuesta