Con solidaridad y respeto a Miguel Angel Yunes Linares, Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla

Francisco Cabral Bravo

Terminó 2016 y regresa la historia. Esa que no es predecible, esa que se sale de lo pautado desde el pasado vivido, conocido e imaginado como única trama del futuro posible. Cerró no solamente un año calendario. Tocó a su fin un año particular, uno lleno de hoyos negros plantándosenos aparatosamente adelante y proyectándonos, con fuerza de vértigo, hacia destinos que cuesta visualizar y entender desde lo que parecía como obvio, regular y previsible. El 2016 fue un pedazo de tiempo compartido en el que se fueron sucediendo eventos que condensaron y, simultáneamente, aceleraron ese runrún de fin de época y de cierre de ciclos que viene creciendo hace tiempo y que hoy repiquetea ya por todas partes.
Se avecinan tiempos inciertos y difíciles.

La arquitectura del orden conocido y el lenguaje que hemos venido usando como si fuera el único posible para nombrar y hacer inteligible el mundo presentan fracturas considerables.

Esperemos que el vendaval no se lleve de corbata los asideros que nos dan humanidad en común: el respeto al otro, la dignidad de todos, criterios compartidos de verdad, el poder del diálogo y la cooperación, y el valor insuperable de la fuerza para no perder la esperanza y para dar la batalla por un México y un Veracruz en el que quepamos todos y en el que todos podamos celebrar que comienza 2017.

En México se siente un vacío, como si el gobierno de Peña Nieto se hubiera dado por vencido. ¿Lo sabrá el presidente?
El gobierno de México se ve cada vez más desconectado de la realidad, más distante, más incapaz de comunicarse. Y esto ocurre en el momento en el que afrontará los mayores retos en la administración.

La necia lealtad de Peña mantiene en su equipo a elementos con probidad debatible que contribuirán a degradar un legado que fue prometedor después de las reformas estructurales, y que incluso las pondrá en riesgo conforme cualquier acción con etiqueta anti-Peña se vuelva popular. Eso va a pasar después de las elecciones 2018. Particularmente sí, como me temo, se confirma que esta administración no hará contra la corrupción nada más allá de lo estrictamente cosmético.

Eso nos dejaría con un Año de Hidalgo de proporciones épicas. Conforme resulte crecientemente evidente que el próximo inquilino de los Pinos no provendrá del PRI, muchos tratarán de llenarse los bolsillos, antes de que vengan las vacas flacas. El equipo de Peña Nieto ha perdido toda credibilidad. Este gobierno se acorraló solo. Además el gobierno tuvo que liberalizar el precio de las gasolinas en el peor momento. Años de monopolio de Pemex en el transporte de combustibles combinados con corrupción épica, hacen que el rezago en inversión, en infraestructura sea grave. Pero el costo político de esta medida será considerable.

Se combinarán estancamiento económico, debilidad del peso, mayor inflación, creciente inseguridad y parálisis gubernamental en temas urgentes como lucha contra la corrupción, necesidad de fortalecer instituciones y de hacer algo por construir Estado de derecho.

No puedo pensar en un mejor caldo de cultivo para fortalecer la aspiración presidencial de Andrés Manuel López Obrador. Y, dejémoslo claro, nada haría retroceder más al país que la llegada de un populista con su perfil. No es la crítica lo que pone la presidencia “de pechito” a AMLO. Es la corrupción flagrante la irresponsabilidad, la mediocridad y la tolerancia a la ineptitud lo que harán que la gente vote por quien sea lo opuesto al gobierno actual, e incluso contra las élites.

Lo peor del caso es que en una crisis de éstas tienen los recursos para salir del país, para buscar educación de calidad, para contratar seguridad privada, para meterse en una burbuja, pero el resto del país y generaciones de jóvenes perderían toda oportunidad de desarrollar su potencial.

En 2016 México vivió el proceso electoral de 13 estados. Fueron elecciones importantes porque en algunos estados marcaron no solo la alternancia, sino el hartazgo de la población frente a la corrupción y al robo rampante y descarado de los gobernadores y sus allegados. De los 12 estados que tuvieron elecciones, el PAN ganó en siete y el PRI los restantes.

Los nuevos gobernadores de algunos estados, como el de Veracruz, Quintana Roo y Chihuahua, enfrentarán duras pruebas económicas y de carácter. Miguel Ángel Yunes Linares gobernador de Veracruz advirtió que si el paquete financiero 2017 no se adapta al Plan Veracruzano de Desarrollo, el estado enfrentará u nuevo desastre financiero. Yunes estimó que el déficit para este año sería superior a los 20 mil mdp, si no se modifican la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos.

Los gobernadores tendrán que mostrar que tienen la capacidad para resolver sino todos, algunos de los problemas de su estado y probar que pueden cumplir sus funciones y promesas de campaña con honestidad. Todavía es pronto para saber si podrán hacer algo para mejorar las condiciones en las que recibieron los estados, pero su desempeño quizá cambie para bien o para mal, la percepción de los partidos que los gobiernan, sobre todo en cuanto a transparencia y rendición de cuentas.

Los tiempos políticos ya llaman a definir candidatos, estrategias, alianzas y acuerdos. Pero no se ha acabado y sería prudente que ni la administración federal, ni las administraciones locales bajaran la guardia frente a lo que se vislumbra como un año complejo.

Ahora los partidos políticos estarán pensando en los candidatos en este 2017. Al mismo tiempo, los funcionarios ya piensan en ser candidatos.

El hecho de estar permanentemente en campaña evita que se tomen decisiones difíciles y relevantes. Los funcionarios, del nivel que se desee, ya están en campaña. Nadie quiere lastimar susceptibilidades, ni tocar intereses porque en su mira está la siguiente elección. Así llevamos décadas. Postergando y evadiendo los temas difíciles en aras de ganar una elección. Preparemos para estar los siguientes dos años en campaña.

En Veracruz el calendario de actividad del (OPLE) establece que a partir del 3 de enero los partidos políticos iniciarán los procesos internos con base al artículo 59, párrafo primero del Código Electoral de Veracruz. Según el código mencionado, los partidos deberán concluir el proceso interno a más tardar el cuarto domingo de marzo, es decir, el día 26.

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