María Teresa Carbajal Vázquez/

#Todos Somos Deudores

Nunca, absolutamente nunca, serán escatimados los esfuerzos del Barzón para combatir aunque sea en parte la discriminación de que son objeto los deudores. Así es, todo comienza cuando alguien deja de pagar puntualmente sus compromisos de crédito.

En principio, es el propio círculo familiar quien cuestiona al ahora ‘caído en moratoria’ acerca de los motivos por los cuales dejó de pagar, las razones por las que contrató un crédito sin prever que podía dejar de pagarlo, y peor aún la falta de un “plan b”, para solventarlo; poco a poco esos cuestionamiento van subiendo de tono, para dar paso a los señalamientos, acusaciones y reproches.

Es común, comenzar a dejar solo al deudor, imponiéndole ahora la carga, de que ‘quien sabe cómo tiene que hacerle’ pero deberá resolver el problema de la deuda; así, lejos de ayudarle, éste se siente lastimado por su propia familia y muy culpable, y en consecuencia su autoestima comenzará a descender; por tanto, y en lugar de encontrar alternativas viables, quedará con el pensamiento fijo en el problema, pensando en él día y noche, alejándose con ello de la salida.

Porque cuando pensamos demasiado en el problema, dejamos de buscar la solución. Perdemos cualquier sano horizonte posible, se nubla nuestra razón y esto nos lleva a cometer errores financieros, legales y personales, agravando desde luego nuestra situación.

Vivimos para el problema, y con esta afirmación vamos acrecentándolo pensando siempre en lo peor, dando lugar al peor de los enemigos de todo deudor: el miedo.

Hace un par de meses Leticia Zuccolotto, una joven mujer, empresaria, originaria de Córdoba, Veracruz, compañera Barzonista quien afortunadamente resolvió su problema de deuda (otro día les contaré su caso) y yo, íbamos camino al Registro Público a pagar el arancel para la cancelación del embargo de su propiedad, e hicimos como siempre buena plática.

Ella, era ahora, una mujer diferente a la que llegó al Barzón, me parecía más alta, y esbelta, erguida quizá, rejuvenecida después de la amarga experiencia. La ví tan optimista y alegre que le dije: Lety, dame un consejo, dime, ¿Qué le dirías ahora mismo, a las personas que enfrentan sus deudas? Tú vienes triunfadora, ¡Lo lograste! Qué puedes aportar de tu vivencia.

Enseguida y sin pensarlo me contestó: “Les diría que no tengan miedo; porque el miedo es lo peor que puedes sentir”. En efecto, un deudor después de estar sentado en el banquillo de los acusados de la familia, que sin querer –por supuesto- termina lastimándolo; se sigue el círculo de amistades, muchos de ellos se alejarán.

Ya para esas alturas lo que le quede de dignidad al deudor, será mínimo, lleno de miedo y en vez de buscar ayuda, ocultará su situación ¿Por qué? Porque después sigue el resto del entorno social, y esa errada percepción que nos han generado de que si eres deudor, es porque fuiste irresponsable y porque tienes problemas con tu conducta al momento de gastar. Terminó por convencernos.

Casi en la recta final del patíbulo, rumbo a la ‘merecida horca’ porque ya para ese entonces, el deudor está más que convencido de que fue un comprador compulsivo, y un irresponsable, nos encontramos con que nos hizo falta la educación financiera.

Pero, momento, ¿Sabía Usted que más del noventa por ciento de las personas que piden prestado, utilizan ese dinero para a su vez, pagar otras deudas? Y que una de las causas más comunes del impago es la pérdida del empleo y/o la retención de los salarios.

Sí, es cierto, los gastos hormiga, la falta de planeación y de previsión son muchas veces agravantes de una mala administración, aunado a pensar demasiado en el presente y poco o nada en el futuro. Pero mientras falte educación financiera a los Bancos y demás entidades financieras y comerciales otorgantes de crédito, mientras no se acabe la publicidad engañosa, las prácticas abusivas para la colocación desmedida del crédito y los contratos sigan teniendo clausulas abusivas e ilegales, (ya no hablemos de letras chiquitas).

Mientras haya deficiencia e insuficiencia y falta de eficacia de los servicios de salud y del sistema educativo, mientras no haya empleos justamente remunerados, mientras sigamos pensando en salarios y no es vocaciones, no dejará de aumentar la cartera vencida.

El problema no es unilateral, el problema no es únicamente el usuario, y esa responsabilidad tenemos que asumirla todos.

Por no exigir a las autoridades competentes el ejercicio de sus funciones, mientras no haya las suficientes sanciones a quien infraccionen la ley, mientras no reconozcamos que el problema es de todos, porque Todos Somos Deudores desde el momento en el que contratamos un crédito aun cuando vayamos al corriente.

Tenemos que entender que el problema de deudas es un tema que nos incluye a todos en la solución, como familia, y como sociedad. Y la muestra más fehaciente de mi dicho, es que todos tenemos por lo menos una anécdota, experiencia, o al “primo de un amigo” vinculado con algún caso de abuso bancario.

Contacto [email protected], @terecarbajal

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