POLIANTEA

Rubén Pabello Rojas

Hasta las pasadas campañas electorales en Veracruz, hace seis años, para elegir gobernador y diputados al Congreso del estado, siguieron un patrón igual, prácticamente, al de comicios anteriores. Lo predominante era, entonces, que el candidato del PRI, un hombre joven y con buenas hechuras, garantizaba la continuidad de ese partido en el poder estatal y así fue.

Aspecto insoslayable era que el gobernador de ese momento, Fidel Herrera, tenía todas la canicas en la bolsa para lograr hacer triunfar a su pupilo, a quien había preparado y escogido para ser su sucesor a modo. Fidel, dueño de todo un extraordinario compendio de experiencia política y mañas de toda índole y con el poder suficiente en ese momento, podía hacer, sin exagerar, lo que quisiera. El sol al final de su gestión le daba de frente.

Así, con cierta facilidad, ganó Javier Duarte la gubernatura. El sexenio comenzó relativamente bien hasta que muy pronto empezaron a darse interferencias, del anterior gobernador quien imponía amigos y directrices de gobierno, que no gustaban a nadie pero que eran toleradas y prevalecían.

Después comenzaron a salir a la cara fallas y errores del gobierno fidelista, sobre todo y muy sensiblemente problemas de índole económica resultantes de una desaseada política endeudadora, fundamentalmente financiera, que hipotecó al estado de manera irresponsable y dejó una gran carga para el gobierno de Duarte.

Fue la bursatilización, criticada por economistas versados, quienes en su momento advirtieron los riesgos, después ampliamente confirmados por las amargas secuelas que han dejado a los veracruzanos. Fidel no gobernó, se sintió emperador. Habrá que recordar sus poses y talante para gobernar.

Aunado a esta equivocada decisión, se aparejó una actual mala administración y un muy deficiente manejo de la política en general. Los resultados de este coctel de negatividades de casi doce años no se pueden ocultar ante la evidencia palmaria y cotidiana que exhiben los hechos innegables.

Desde luego al interés de la política nacional no conviene de ninguna manera que Veracruz caiga, más de lo que ha caído, y prefiera sostener al régimen, a pesar de críticas y evidencias, para no asumir que el estado se encuentra en condición delicada. Relevar al gobernador antes de terminar su mandato implica la confesión; confesión de un descalabro político de consecuencias nacionales. Es mejor aguantar.

En este panorama se desarrollan las campañas electorales; los siete candidatos registrados, hacen todo lo posible por allegarse la voluntad de la mayoría de los más de cinco millones de sufragantes del próximo 5 de junio. Tarea muy complicada, sin excepción, para todos. Sin embargo unos saben de antemano que no podrán ganar, lo saben. Otros por el contrario saben que si podrían ganar y utilizan todos los medios a su alcance para lograrlo.

La mayoría opositora ocupa como argumento de peso, demoledor, el mal estado de las finanzas públicas lo que no se oculta a nadie. Es lastimero ver que no solamente los grandes acreedores reclaman el pago de adeudos millonarios a la Secretaria de Finanzas, sino que humildes músicos y vendedores de arreglos florales utilizados en actos públicos para honrar a los Héroes nacionales, suplican el pago de unos cuantos pesos que no les han cubierto. Solamente falta ver que las “marías” del mercado se manifiesten en la Plaza Lerdo para cobrar las calabacitas que no les hayan liquidado cubierto.

En esta búsqueda de argumentos para dar peso y sentido a su propuesta los candidatos emplean toda clase de ideas para convencer a un electorado muy incrédulo, antes siempre burlado. Ahora aprovechando las técnicas para “vender imagen” los candidatos contratan empresas que les arman programas electorales dirigidos a los potenciales votantes. Cada candidato ofrece su “mercancía”. Es de todos tonos y colores. La mayoría de ellos toma como letanía la inseguridad, corrupción, impunidad, déficit económico, la mala administración financiera, la falta de obra pública, la inconmensurable deuda; bordando hasta el cansancio.

Al candidato del PRI, Héctor Yunes Landa, ciertamente le toca bailar no con la más fea, sino con la más horrible de las evidentes circunstancias. Heredero involuntario de ese pesado lastre, no se oye muy bien que los sesudos ideólogos que le preparan su estrategia, le hagan decir en radio y televisión, en un desafortunado “spot” que él es el Yunes bueno. Alabanza en boca propia es vituperio. La verdad no es argumento de peso, no convence al ciudadano que quiere oír planes y programas, conocimiento de los graves problemas y como resolverlos.

No es un concurso de ver quien tiene más sucia la cara o quien la tiene mas limpia, el asunto es ¿quién es más capaz de dirigir los destinos de Veracruz en el momento tan crítico y delicado que se encuentra? En política lo valioso no es la bondad sino la aptitud, la capacidad. Se incorpora formalmente Pepe Yunes a la campaña de Héctor, para proporcionarle oxigeno puro.

Lo que Veracruz demanda urgentemente es un líder social, un paladín, que convoque al pueblo a luchar por un mejor nivel de vida, a construir un estado fuerte fincado en el trabajo de sus hijos, con un gobierno fuerte y honorable. No es problema de bondad, es reclamo de grandeza. Ojalá se entienda.

Por supuesto no se debe perder de vista que toda acción del próximo gobierno pasará por aplicar la ley penal, contra la impunidad, pero no perder de vista el bienestar de cada ciudadano en lo individual y de la sociedad veracruzana en su totalidad.

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