Por: Dianne Padilla* / Cimacnoticias

Con frecuencia escuchamos comentarios como este: “¿Cómo puede estar en contra de la cosificación de las mujeres y acto seguido atreverse a postear una fotografía suya en ropa interior en Facebook?”. “Si dice que es feminista y está defendiendo una causa social, debe ser una mujer respetable. Andarse encuerando es doble moral”.

No, no es doble moral, se puede ser feminista y exhibicionista, les explico:

Doble moral significa que usted tiene un conjunto de principios, pero que no los aplica de manera coherente en situaciones similares. Cuando los principios y valores propios se aplican según su humor de ese día o según intereses personales, entonces usted presenta un caso agudo de hipocresía.

En ese sentido, que una feminista suba una foto de ella misma en ropa interior o en traje de baño a sus redes es un acto coherente con uno de los principios básicos del feminismo: las mujeres son dueñas de su cuerpo y tienen todos los derechos sobre él, incluso el de exhibirlo, eso no le quita el derecho fundamental a no ser agredida, ni es menos feminista, pues ella está aplicando sus principios feministas de forma precisa y consistente, su cuerpo le pertenece, ¿recuerdan?

Eso no es doble moral, se trata de ser consecuente, y de paso denunciar un sistema que cuestiona a la mujer que se exhibe por propia voluntad y no al hombre que la exhibe sin su consentimiento.

Hay que recordar a Amelia Valcárcel: el feminismo no es un discurso de la excelencia moral, ni un código de buenas maneras y vestimenta para quienes cometen la osadía de autonombrarse feministas, es un discurso emancipatorio, un nuevo horizonte ético, no un dogma. Un aparato crítico que denuncia opresiones no que se inventa otras.

Pero como estoy de buen humor, les voy a dar ejemplos de lo que SÍ es doble moral:

Denunciar enérgicamente la violencia de género cuando la víctima es una funcionaria o política, pero callar cuando un partido político en el que militan despide injustificadamente a un grupo de empleadas administrativas, o peor aún, no abandonar un partido político que gestiona una red de prostitución.

Despotricar en contra de la explotación sexual, pero no decir nada de la explotación a la que son sometidas las mujeres en muchos contextos laborales.

¿Cuál es el problema aquí? Simple: situaciones similares a las que aplican criterios diferentes, o dobles estándares, esto es una doble moral.

En ese sentido, es injusto ver a feministas callar ante determinados casos de violencia. Hay que recordar que una mujer puede parecernos desagradable, intolerante y vil, y eso no la exime de ser víctima de violencia de género, ni justifica que la padezca en ningún sentido.

Pero, por desgracia, aunque nos vistamos de feminismos, cuesta mucho desarticular la misoginia que tenemos internalizada, y que se manifiesta en este caso, como rechazo a establecer alianzas con mujeres que creemos contrarias a nosotras, después de todo es difícil dejar atrás viejos prejuicios que nos impiden avanzar, anclados en proverbios machistas como que “el peooorrr enemigo de una mujer es otra mujer”; “mujeres juntas ni difuntas”; “no me gusta trabajar con mujeres, son unas envidiosas”.

Sí, hay que ver el buen ejemplo que dan los hombres al respecto, tan admirables que no se matan a la menor provocación, no se envidian ni se destruyen entre ellos. ¡Qué va! Si hasta inventaron eso del amor al prójimo.

En fin, si usted se asume feminista y después de esta breve explicación es incapaz de ver la relación entre su doble moral y la violencia machista, quiere decir que no entiende el principio del poder y la opresión, ni tiene la menor idea de lo que es la praxis feminista.

Le aconsejo que se baje de su nube tecnocrática de género; las otras mujeres pueden ser sus aliadas, no sólo sus sujetos de estudio; hable con ellas, sobre todo con las que no comparten sus privilegios. Todas nos necesitamos del mismo bando…

*Este artículo fue retomado del portal VocesFeministas.com.

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