Con solidaridad y respeto a Miguel Angel Yunes Linares, Héctor Yunes Landa y José Francisco Yunes Zorrilla.

Francisco Cabral Bravo

No encuentro mejor término para describir el estado de ánimo general y las perspectivas a principios de este 2017. La zozobra anda suelta y nos inunda. Aquí y en el mundo entero percibo congoja, susto, inquietud y, también, mucho hartazgo y mucha ira. El 2017 arranca también con mucha violencia. En México, el 2017 abre por su parte, con ánimos muy crispados y noticias preocupantes, en particular en el plano económico. Como producto del alza al precio de la gasolina, el 2017 mexicano se inaugura con plantones, bloqueos, marchas, vandalismos, actos de rapiña y pillaje puro y duro. En Veracruz en un acto voluntario para aplacar a saqueadores, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares, se lanzó a la entrada de un centro comercial, para “intentar apaciguar” los ánimos de quienes saquearon una tienda en Plaza La Brisas. A cambio ofreció 500 pesos o vales de despensa a las personas que perpetraban en el robo, en un intento de negociar con ellos. Pero no solo puso en riesgo su persona, sino que además no le funcionó el trueque.

Cuando apenas iban a afinar las estructuras del PRI para los próximos comicios. Les llegó el enojo por el gasolinazo. Resulta que hasta entre las bases del tricolor se han escuchado inconformidades por el incremento de los combustibles, por lo que así como en su momento el PRI realizó foros entre sus propios militantes para promover las reformas estructurales, tal vez tenga que repetir la estrategia para explicar y convencer a sus agremiados por el que el gobierno federal tomó esa medida.

El 2 de enero lloviendo sobre mojado, la Comisión Federal de Electricidad anuncia aumentos en las tarifas de la energía eléctrica para la industria, el comercio y el uso doméstico de alto consumo. La decisión de elevar los precios de gasolina y la luz tienen, seguramente, fundamentos técnicos sólidos. Los tiempos en los que se anuncian y, sobre todo, sus previsibles efectos negativos sobre la inversión, el crecimiento y el empleo, analizados por Gerardo Esquivel en su columna en el Universal la pasada semana, abonan al clima de tensión, hartazgo y desánimo generalizados.

Habrá que ver si los gobernadores del país, que han mostrado su fuerza en distintos momentos desde el sexenio de Vicente Fox, realmente mantienen una posición en contra del aumento de la gasolina y obligan al gobierno federal a pailar el impacto inflacionario.

El próximo lunes 9 de agosto se reunirá la Canago con el secretario de Hacienda, José Antonio Meade y con el director de Pemex, José Antonio González Anaya. Ya varios gobernadores se habían manifestado en contra del gasolinazo, entre ellos dos priistas, Claudia Pavlovich de Sonora, y Aristóteles Sandoval de Jalisco, pero la mayoría han permanecido en silencio. De los dos priistas que se manifestaron en contra podemos decir que sus críticas fueron duras y directas. Pavlovich señaló que su administración “realizará varias acciones, independientemente de las decisiones o acuerdos que se tomen en la Canago”.

La exsenadora es políticamente cercana al grupo de Manlio Fabio Beltrones y esto puede tomarse como el primer enfrentamiento entre el grupo de Luis Videgaray y el expresidente del PRI.

Como legisladora Pavlovich votó a favor de la reforma energética. Aristóteles Sandoval dijo que “el aumento en combustibles indigna y que la gente tiene razón: no es justo”. Los gobernadores de oposición han tardado en reaccionar, después de todo, muchos de ellos como senadores aprobaron la reforma energética. Tal es el caso de José Rosas Aispuro, de Durango, así como de Francisco García Cabeza de Vaca de Tamaulipas. Y en esta historia, no hay que olvidar al actual director del Infonavit, David Penchyna, quien fue el principal operador y vínculo directo con el entonces secretario de Hacienda, Luis Videgaray, para la aprobación de esta reforma, incluso se aseguró que su nombramiento fue una recompensa por esta labor legislativa.

Si un tema interesa en estos momentos a los legisladores es precisamente el relacionado con los incrementos al costo de las gasolinas. Ninguno de los grupos parlamentarios desconoce el malestar social que la medida ha provocado. Y así, senadores y diputados de todos los colores en el seno de la Comisión Permanente, externaron posturas que en general politizan el asunto y en nada ayudan a resolver la afectación que el gasolinazo tendrá en la población.

De este debate nos quedamos con la expresión del vicecoordinador de la bancada priista, Jorge Carlos Ramírez Marin, quien señaló que el mayor déficit de este país son sus diputados y por eso se tiene una mala percepción de la clase política; cuando tienen que ser humildes, son arrogantes; cuando se tienen que tomar decisiones de manera que beneficie a la nación, se cae en discrepancias electorales, y cada fracción política busca beneficios político electorales y no se discuten los temas de manera precisa. Subrayó que el tema de los combustibles es económico y no electoral, pero no se está discutiendo seriamente y se desvía la atención con otros asuntos.

Rocío Nahle, coordinadora de Morena en la Cámara baja, se refirió a los desmanes que se han dado en diversas entidades del país. “Es una mentira que Morena tenga que ver en los desmanes. En septiembre, cuando se aprobó la Ley de Ingresos, les dijimos a las otras fracciones que vendría un gasolinazo, todas las fracciones votaron a favor”. Y agregó “Somos un movimiento pacífico, no pueden tratar de echarnos la culpa cuando se salen las cosas de control”.

Pues sí, los movimientos sociales tienen nombre y apellido, y como bien lo dijo Ramírez Marín, eso todo mundo lo sabe. Ojalá que quienes aprovechen esta coyuntura, en busca de votos, no generen una situación difícil, ya que la irresponsabilidad de diversos políticos raya en la temeridad al hacer pronunciamientos que enervan más el ánimo de la gente, y con ello ponen a la sociedad mexicana al filo de la navaja, en una línea muy delgada que separa a la paz social, y a la convivencia armónica con el caos y la violencia.

No haber hecho una reforma energética hace 30 años va a pasar la factura hoy. Y la factura abarcará muchos ámbitos. No será únicamente económico. El tema es social y por ende, también político. Pero lo que me gusta menos es el despilfarro, la corrupción y la ineficiencia. Saber que ese porcentaje de impuestos no termina en la forma y en el lugar donde deben de terminar es lo que más me molesta. Creo que es ahí donde está el enojo. El precio de las gasolinas solo recoge el hartazgo frente a lo que se percibe como un robo. Seguramente alguien podrá capitalizarlo.

Compartir

No hay comentarios

Dejar respuesta