DEUDA BANCARIA Y DE VALORES TOTAL.

Por Rafael Arias Hernández.

A 634 días, para rescatar Veracruz y cumplir lo prometido.

Nunca olvidarlo, lo definitivo es el bienestar y progreso de las personas, no de los políticos, gobernantes o funcionarios.
Buen gobierno se construye todos los días, con suficiente y verdadera legitimación y legalidad, credibilidad y confianza ciudadana y social. Ineludible y obligado hacerlo, al mismo tiempo, en todos los frentes: como salud, seguridad, educación, política económica, así como administración y procuración de Justicia y previsión social.

En particular, en administración y finanzas públicas, que por su naturaleza es tema determinante, que trasciende en sus efectos, en especial lo que respecta a tamaño y crecimiento de la deuda pública. No seguir trampa repetida y padecida, de “dar cheque en blanco”, ni exigir responsabilidades, garantías y sustentos al endeudamiento y, el colmo, repetir e imponer el gran negocio para unos cuantos.

CAMBIO REAL QUE NO LLEGA…

Ya son cien días caracterizados en su mayoría, por políticas y políticos de “más de lo mismo, y peor”. Y también, por puntos a favor, de los que sobresalen algunos intentos de cambio, pendientes de consolidar.
Indispensable gobernar al gobierno, garantizar siempre, transparencia y acceso a la información oficial; seguimiento, control y rendición de cuentas; y fiscalización y evaluación públicas. Opacidad, genera rapacidad.
Recomendable, lograr el mayor esfuerzo de todos, para privilegiar diálogo y debate, abiertos y plurales, ya que todo asunto público requiere del apoyo, de una mayor participación ciudadana y social.

Por el presente y futuro de Veracruz, en toda acción gubernamental, como el de la cuestionada reestructuración de la deuda pública estatal, no es conveniente polarizar y radicalizar puntos de vista, actitudes ideológicas y políticas dentro y fuera de los gobiernos; mucho menos, llevarlas a pleito mediático, enfrentamiento personal o pelea distractora. El respeto a la diferencia es la esencia.
En todo caso, para todo gobierno responsable, se trata de encontrar la mejor solución, no la más rápida, cómoda y ventajosa imposición.
Siempre es tiempo para la Política con mayúscula, para búsqueda y conformación de acuerdos y consensos; y, sobre todo, de la exigencia de una legitimación permanente del poder y representación gubernamental que, tiene su origen y destino en la soberanía popular.

Que nadie sea impedido o presionado, para ejercer sus derechos y libertades con responsabilidad; y desde luego, para sostener, respaldar y exponer sus ideas, cuestionamientos y propuestas. Garantía de crítica o apoyo, de diferencia o coincidencia.

Urge efectividad de la legalidad, en el combate y erradicación de la continuidad de la impunidad. En ineficiencia y delincuencia gubernamental está el origen o causa de muchos males.
Además, es injustificable, para todo servidor público, sostener altos grados de opacidad, manipulación y distorsión de la información oficial. ¿Hay responsabilidades y sanciones, por la amonestación del gobierno federal, por no entregar información financiera en tiempo y forma? ¿Dónde van los incrementos en participaciones federales? ¿Y los miles de millones de pesos presupuestados y desaparecidos? ¿Hay guardaditos?
No a alternancia en la opacidad. Ni a más generación oficial de ignorancia, desinformación y equivocación de origen. Ni ocultamiento, ni verdades a medias.

Constituyen delitos, la injustificada falta de transparencia y acceso a la información; en particular, en temas oficiales, como el de la deuda pública y su reestructuración ¿Para qué insistir en no precisar límites y costos claros, condiciones y cuantificaciones en asuntos financieros gubernamentales? ¿Qué razones de la obsesión, en asegurar falsamente que es la única solución?
De igual forma, es inadmisible, uso y abuso del sensacionalismo o terrorismo informativo. Conocidas formas de exageración y distracción, para atemorizar y confundir a la opinión pública, para evadir responsabilidades e imponer idea, programa o acción que afecta a la población.

Lamentable el discurso apocalíptico, de que de no apoyar, las consecuencias serán incalculables; del manoseo indiscriminado de reales o imaginarios, pequeños o exagerados déficits y pendientes de pago; de la dramatizada auto victimización porque no alcanza, aunque se sabía de antemano, lo que se enfrentaría; del sobre exaltado, desmedido riesgo de paralizar el estado, de no pagar sueldos a empleados, ni servicios básicos. Y más de lo mismo.
A 24 días, para saber del pospuesto presupuesto. Poco a poco se conocen limitaciones y alcances de restructurar 42 mil millones de deuda pública. Cara supuesta solución, que complica y sacrifica.

Simultaneamente, llama la atención, que se difunde otro mensaje más mesurado y hasta justificatorio de lo que no se va a hacer. Por ejemplo, se acepta que reestructurar no es la solución del problema financiero; que solo es un primer paso; que “en dos años, no se transformará totalmente al estado, pero sí reencausarlo y ponerlo en una situación de estabilidad, mejorar la seguridad y resolver su situación financiera tan delicada”.
Hasta se reconoce a diputados locales su obligación de analizar y discutir en la pluralidad; e incluso de no aprobar, hasta tener la información y los detalles, que la importancia del caso requiere:
recursos a liberar, garantías a dar, plazos y montos a tratar, costos y beneficios a obtener, destino de lo que se obtenga y costo de la intermediación.
Total, la emergencia financiera solo es parte de una compleja y profunda crisis, a la que no se debe responder con más de lo mismo…y peor.

FALACIAS Y REALIDAD.

Sobre el tema, con claridad y brevedad, Luis Baqueiro hace una interesante y oportuna reflexión, de recomendable lectura:
“…la iniciativa de esta reestructuración toma tintes falaces, pues, lo que aparenta ser la gran panacea al problema financiero de Veracruz, no resulta ser, ni un mendigo mejoralito o aspirina para la terrible cruda que dejó el gobierno del infausto prófugo…Las dudas siguen ahí, latentes, claras, diáfanas como el cristal con el que se pretende conducir este gobierno, por ello, y por el bien de la administración estatal, será momento de tomar medidas drásticas y dolorosas, o verdaderamente se hace un ejercicio de ajuste profundo del gasto, o simplemente todo esto es y seguirá siendo lo que comienza a ser llamado como “las falacias de la reestructuración”.(Astrolabio Político.010317)
*[email protected]:VeracruzHoydeRafaelAriasHdez

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