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LA CANDELARIA NO NECESITA DEL GOBIERNO

A través de la Secretaría de Turismo, trascendió este miércoles que no hay recursos para la realización de la Cumbre Tajín, ni para las fiestas de La Candelaria ni para el Carnaval de Veracruz.

Cumbre Tajín fue creado en el sexenio de Miguel Alemán Velasco (1998-2004), aprovechando el cambio de milenio y para ayudar a la zona norte de Veracruz que había sido afectada por las inundaciones de finales de 1999 y desapareció pueblos completos. Hoy los estragos de esa tragedia todavía pueden ser vistos en algunos puntos del Totonacapan, pero con la Cumbre Tajín hubo un impulso económico fuerte a la región.

Durante los últimos años, Cumbre Tajín se destacó por convertirse en un evento de talla internacional que concentró a la región de Papantla en los ojos del mundo. Los voladores y la vainilla trascendieron y se convirtieron en iconos mundiales que hoy son Patrimonio de la Humanidad.

Quien comenzó a popularizar la Cumbre Tajín con carteles artísticos como de palenque gallero fue el gobernador Fidel Herrera Beltrán, al traer a Los Tigres del Norte a la Cumbre; y aunque no parecían encajar -en ese entonces- en el perfil de dicho evento, ahora, con la novedad de que los rockeros hacen rolas tropicales y de cumbia con grupos populares, lo de los Tigres ya es peccata minuta. Posteriormente hubo días específicos para rockeros, para la chunchaca, para los reguetoneros, para los fresas y para todos.

El primer concierto de la legendaria banda Tool en México, por ejemplo, se realizó en la edición 2014 de la Cumbre Tajín. En 2015, un cartel de lujo con Carlos Santana y Javier Bátiz a la cabeza, junto a Incubus y The Flaming Lips.

Pero también se suman nombres de lujo: Primus, Björk, The Smashing Pumpkins, Caifanes, Café Tacuva, Regina Spektor, Julieta Venegas, Los Aterciopelados, Sinead O’Connor, Molotov, La Maldita Vecindad, entre otros que escapan a la memoria.

En la última edición en 2016 ya de plano se vio la falta de presupuesto: terminó con una Cumbre recortada en tres días y con la presentación de pocos artistas destacados: Plastilina Mosh, Mon Laferte… y Margarita La Diosa de la Cumbia (que dice el buen Atticus Licona que no la iría ni a ver a Banderilla).

La Cumbre Tajín siempre se caracterizó por la gran cobertura que se hacía con medios internacionales, nacionales y locales. Para los periodistas eran vacaciones pagadas por al menos una semana, al grado de que los reporteros rogaban a sus jefes que los enviaran. En las últimas dos ediciones de plano recortaron invitados y no convocaron a la prensa: si querían asistir, tendrían que pagarse sus propios gastos.

Se comenta que la Cumbre en los últimos años se convirtió en un negociazo para la familia de la esposa del gobernador Javier Duarte, porque la batuta la llevaba Brenda Tubilla, prima de Karime Macías, esposa del hoy prófugo de la justicia. Su director general Salomón Bazbaz siempre defendió que los recursos obtenidos siempre fueron destinados para la preservación del lugar y que la Cumbre era una propuesta de turismo cultural sustentable.

Lo que sí queda claro es que los line-ups y la gran cantidad de artistas invitados siempre fueron lo más atractivo de la Cumbre Tajín y, por ende, lo más costoso.

La Cumbre Tajín se veía venir que sería desaparecida o que al menos este 2017 no se llevaría a cabo, pues —según comentaban los organizadores en ediciones pasadas— desde meses antes tenían la planeación de todo. Este año, todo se concentró en lo electoral, en las denuncias, en los señalamientos, pero nunca se vio más allá del asunto para la Cumbre… excepto el cartel pedorro de tres días.

Una pena por el Tajín, que merecía continuar y ahora con la oportunidad de transformarse en un gobierno de alternancia. Hubiese sido interesante ver al Gobierno de Yunes Linares como presentaría una propuesta de evento cultural que tiene más de 15 años realizándose. Una pena que tenga que desaparecer.

Otra fiesta que tampoco recibirá apoyo del gobierno estatal será La Candelaria, aunque aquí sobra decir que esta se puede llevar a cabo con o sin apoyo del gobierno, pues anteriormente la fiesta patronal de Tlacotalpan se realizaba sin intervención de éste. Incluso los jaraneros acuden con sus propios recursos para realizar su tradicional encuentro, como una especie de Meca a la que acuden todos los años.

El comentario del analista político Álvaro Belín, lo resume todo: “Ya era hora de que el Carnaval de Veracruz y las Fiestas de la Candelaria recobraran su carácter popular. Con Fidel y Duarte se convirtieron en espectáculos para la televisión y, en el caso de Tlacotalpan, la cultura jarocha había sido desplazada por espectáculos caros y deleznables. Los grupos soneros jamás han dependido del dinero estatal, así que no afectará que el gobierno yunista no le dé un centavo”.

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