POLIANTEA

Rubén Pabello Rojas

Parece que ahora si el partido en el poder estatal toma caminos mas claros. No hace mucho, los signos de oscuridad y duda acompañaban a este partido.

Seguramente respetando los tiempos de pre campaña, fueron notables las ausencias y las faltas de apoyo por parte de un significante sector del priismo, concretamente de las áreas políticas en el gobierno, que en otros tiempos eran ingrediente infalible en todo el proceso electoral.

Las cosas han cambiado, los tiempos de la democracia, aún en transito de perfeccionarse, han dado nuevas modalidades a la política nacional y estatal.

Ayer por fin se dio lo esperado, lo que en muchos casos fue interpretado como una ausencia premeditada, con el objeto de debilitar la candidatura de alguien que la había ganado, luchado y obtenido; quien en limpia lid, lo había logrado: Héctor Yunes Landa.

Ayer en la convención estatutaria de ese partido, en forma unánime, como le gusta hacer las cosas a ese instituto político, se dio la elección del esperado candidato. En una reunión multitudinaria, con la presencia de renombrados priistas, se celebró el ritual.

Destacó la presencia del líder nacional del partido, Manlio Fabio Beltrones, del coordinador de los senadores del PRI, Emilio Gamboa Patrón y de lideres de todos tamaños y medidas, pero sobre todo la asistencia esperada, la que causaba dudas y especulaciones, la presencia del gobernador Javier Duarte de Ochoa.

Los lances previos, de desencuentros públicos entre Duarte y Yunes Landa, ofrecían un especial motivo de interés para observar como se comportarían frente a acontecimientos que por su carácter estatutario y político, no se podían soslayar. Era impensable que en un momento tan importante no acudiera el llamado primer priista de Veracruz y…..¡asistió!

No le quedaba de otra aun cuando las especulaciones de juegos contrarios, debajo de la mesa, estuvieron a la orden del día y alimentaban la expectativa de, cómo actuaria el mandatario en funciones frente a las estructuras locales y nacionales.

La sangre no llego al rio, en lo formal, falta ver si ahora si se dan los apoyos y respaldos necesarios para que el triunfo electoral de junio se concrete. Por lo inmediato, el PRI ya tiene candidato, un buen candidato que tendrá que luchar como nunca por obtener el triunfo. Es gente preparada, de buena fe y hasta donde se conoce dueño de una imagen sin lastres sociales y menos señalamientos de algo indebido.

Viene el llamado periodo de reflexión que prevé la ley, después las campañas formales y en menos de tres meses, las votaciones. Hay otros veracruzanos que siendo candidatos de sus partidos también aspiran a gobernar Veracruz.

Nada esta escrito de antemano, la conducta del electorado veracruzano es selectiva y variable y el ciudadano común tiene en mente algunas cuentas que ajustar. Como muchas veces suele suceder, no encuentra al que se la hizo sino al que se la pague.

Por su propio bien todos los habitantes de este suelo, ese gran pueblo veracruzano- tan lastimado por plagas antieconómicas, de inseguridad creciente, de perdida en general de nivel de vida, con amagos a su Universidad pública, con déficits en servicios de pensiones, de salud, sin obra pública sexenal-, afrontando injustamente épocas difíciles, confía en su futuro y a cambio de ese hoy negado bienestar común y paz pública que le concede la Constitución como derecho, ofrece noblemente su trabajo y su esperanza.

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