*Ante la critica situación financiera en la entidad veracruzana, las mujeres son las más afectadas al convertirlas en ” las sacrificables” para despojarlas de empleo o fuentes de trabajo y ocultar la corrupción.

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Xalapa, Ver 14 marzo 2017.- La violencia sexista puede darse y se da en todos los ámbitos tanto de la vida privada como pública de una persona. Mucho se ha hablado de la violencia doméstica pero no hay que olvidar que también sucede en otros ámbitos como puede ser la empresa y, en este sentido, es importante conocer las medidas para su prevención así como las obligaciones para trabajadores y empresarios.

Contrario a lo que sucede en el plano internacional, en México y menos en Veracruz se analiza las formas en las que se manifiesta la violencia sexista en el trabajo, las consecuencias que comporta y el papel que debe ocupar la empresa en su prevención y detección.

La violencia de género en el ámbito laboral puede ser económica, física, sexual o psicológica y puede presentar dos tipologías: acoso por razón de sexo y acoso sexual. Este tipo de violencia puede darse tanto en el centro de trabajo y dentro de la jornada laboral como fuera, siempre que tenga relación con el trabajo.

La discriminación por razones económica van desde los bajos salarios hasta negarles sus derecho laborales.

Hoy, cerca de un siglo después, no debemos olvidar que, por vergonzoso que sea, esas tragedias están a la orden del día. Cuando echamos la vista atrás y observamos los acontecimientos que en Europa marcaron ese primer Día Internacional de la Mujer en 1911, uno de los aspectos que cabe destacar es que las mujeres no sólo enarbolaban reivindicaciones políticas, como el derecho al voto y al desempeño de un cargo público, sino que también reclamaban el derecho a trabajar y acceder a la formación profesional, así como el fin de la discriminación en el trabajo.

Creo que todos reconocemos que esta lucha por la igualdad, la seguridad y el respeto sigue vigente y está presente en todo el mundo, sea cual sea nuestro lugar de origen. Las dificultades que afrontan las mujeres revisten diversas formas, algunas visibles, otras menos. No podemos dar por terminada nuestra labor.

Estoy seguro que todos estamos de acuerdo en que, de las diversas expresiones de la discriminación sexual que aún es preciso eliminar, la violencia de género es especialmente deshumanizante, omnipresente y opresiva.

Considero que poner fin a la violencia de género en el trabajo es parte integrante del objetivo de la OIT de promover el trabajo decente para todas las mujeres y todos los hombres en condiciones de libertad, igualdad, seguridad y dignidad humana.

La violencia en el mundo del trabajo es profundamente perjudicial para las mujeres y los hombres y entraña consecuencias inevitables para sus familias, así como para la sociedad y la comunidad. Se trata de una vulneración de los derechos humanos tanto como de un problema sanitario, educativo, jurídico y socioeconómico. Las mujeres suelen ser especialmente vulnerables a la violencia, ya sea debido a la naturaleza de sus empleos o a su situación en la sociedad en general.

No me cabe duda de que estamos todos vinculados por la obligación moral imperiosa de poner fin a la violencia de género. Existen también fundadas razones empresariales para eliminar la violencia en el lugar de trabajo debido a los costos que acarrea a las empresas: absentismo, aumento de la rotación del personal, menor rendimiento en el trabajo y disminución de la productividad, imagen pública negativa, pago de honorarios legales, costas procesales u otros gastos asociados, y aumento de las primas de los seguros.

Para los trabajadores, estas situaciones pueden provocar estados de gran estrés, pérdida de motivación, aumento de accidentes y discapacidades, o incluso la muerte. La influencia de las políticas globales de seguridad y salud en el trabajo con una perspectiva de género y de una cultura de prevención es positiva e indica el rumbo que debemos tomar.

En términos de violencia sexual constituye un comportamiento no deseado que está relacionado con el sexo de una persona que aprovecha una situación de acceso al trabajo, de promoción laboral, de ocupación o formación para atentar contra la dignidad de las mujeres y crearles un entorno intimidatorio, humillante y hostil.

Algunos ejemplos de cómo se emplea este tipo de acoso: Realizando de forma habitual comentarios de contenido ofensivo e insultante dirigidos a la mujer o en presencia de ella, otorgándole sistemáticamente trabajos que son de una categoría inferior a la que le corresponde. Por ejemplo: pidiéndole que sirva café o limpie…

El acoso sexual lo constituye cualquier comportamiento verbal, no verbal o físico de índole sexual y no deseado que tenga como objetivo o produzca el efecto de atentar contra la dignidad de una mujer.

Este tipo de acoso puede materializarse mediante contacto físico no deseado de un compañero hacia una mujer que no cesa aunque ella haya exteriorizado su malestar, mediante coacción sexual como condición para la promoción laboral…

Las razones que pueden motivar la violencia de género en el ámbito laboral son de diversa naturaleza. Desde los estereotipos que tradicionalmente han envuelto al papel del hombre y la mujer, trasladados al ámbito laboral, pasando por el deseo de obtener un beneficio sexual utilizando situaciones de poder, hasta el deseo de humillar a una mujer que ocupa un lugar de trabajo que otro individuo considera un trabajo de hombres.

Obligaciones del empresario ante la violencia de género

La Ley para la Igualdad Efectiva entre Hombres y Mujeres establece la prevención del acoso sexual en el trabajo como un deber de toda empresa. Este deber se determinar en: promover condiciones de trabajo igualitarias que prevengan el acoso así como habilitar conductos para que las personas que lo sufran puedan denunciarlo.

Aunque la ley no obligue a implementar un plan de igualdad, es importante adoptar medidas específicas que puedan prevenir el acoso, hay que disponer de una política anti-acoso que conozcan todos los trabajadores y trabajadoras de la plantilla. Ello probará que la empresa ha hecho lo posible por evitar situaciones de violencia de género.

Para las empresas de más de doscientos cincuenta trabajadores o aquellas obligadas por su convenio colectivo es obligatorio que cuenten con un plan de igualdad en el que se adopten medidas para la eliminación de la discriminación entre hombres y mujeres.

En este sentido les apuntamos algunas de las medidas que pueden adoptar en su empresa, para lo cual estamos a su plena disposición para asesorarle:
•Manifestar desde la dirección de la empresa al conjunto de los trabajadores el rechazo a todo tipo de conducta que pueda considerarse como degradante o de acoso.
• Asegurarse de que el Departamento de Recursos Humanos y el servicio de prevención de la empresa cuentan con formación específica en materia de igualdad en materia de igualdad de oportunidades mujer-hombre y riesgos psicosociales.
•Garantizar herramientas suficientes a los empleados para que puedan comunicar posibles casos de violencia con carácter confidencial.
•Asegurar que existen mecanismos para frenar las posibles represalias de las que pudiera ser víctima una mujer que denuncie un caso de violencia.
•Establecer sanciones para las personas que propicien situaciones de violencia hacia las mujeres en el ámbito laboral.

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