Palabra de Mujer

Por Billie J Parker/ Parte I

Por increíble que parezca no hay una sola denuncia de violencia política de Género en Veracruz nos alerta Ma. Eugenia Rodríguez Mendoza, representante de la Fepade en Veracruz, en reunión con la asociación de mujeres lideres veracruzanas, VELOA, A

  • .C.

    Hecho que nos remite a la infinidad de historias de violencia política, que solo por ser mujeres conocemos en la entidad pero el problema, dice Rodríguez Mendoza, es que no se atreven a denunciar. Y caro lector-a, no es por una vocación pacifista de las mujeres sino por el alto costo que tendrían que pagar.

    Recuerdo una charla con la amiga Ana Laura, quien refería el doble discurso donde el mundo de hoy reconoce que la violencia contra las mujeres es una forma de discriminación que impide gravemente el goce de derechos y libertades pero, pero lo reconoce sólo en la teoría.

    Argumentaba que esto es un mero discurso, en la práctica afirma, el mundo machista sigue imponiendo sus reglas, solo las diversifica y las envuelve en las sutilezas, del o la, sujeto acostumbrado a la lucha machista por el poder.

    Ana Laura lo documenta al relatar su experiencia en su tránsito de salir del mundo privado a incursionar al ámbito público, para incidir en la toma de decisiones en la ciudad de Xalapa. La violencia que ejercen contra mujeres es inaudita y abarca toda la tipología.

    Su profesión, la libertad en la vida privada le dio la oportunidad de participar y su innata vocación de servicio la llevó a aceptar la invitación a un cargo en un proyecto que pensó, estaba al margen de la “falocracia”.

    Lo aceptó, la motivó, lo vio como una oportunidad para hacer de este mundo más justo, un escenario distinto para que las nuevas generaciones no enfrenten la desigualdad y la descomposición social que hoy padece la humanidad.

    La teoría dice que las mujeres tienen derecho al acceso igualitario a las funciones públicas de su país y a participar en los asuntos públicos, incluyendo la toma de decisiones, de acuerdo con todas las convenciones para elimina las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW).

    No obstante, Ana Laura, nuestro personaje eje, pese a creer que Xalapa era una ciudad altamente civilizada, ratificó su hipótesis sobre las prácticas patriarcales, mismas que se han agudizado en contra de las mujeres por su irrupción en el ámbito político. Encontró incluso, sutiles tácticas para controlarlas desde la cultura patriarcal exacerbada por la irrupción laboral y política de las mujeres en la sede de los poderes del Estado de Veracruz.

    Con la convivencia diaria se dio cuenta que quienes la acompañaban en el nuevo proyecto social, iniciaron un camino de violencia política de género contra ella. Intentaron discriminarla, ridiculizarla, sobre de ella vertieron la difamación, le delegaron las tareas que ellos no hacían, la mayoritearon (porque siempre son mayoría), intentaron despojarla de su cargo, utilizaron el proyecto para otros fines como enriquecerse, o capitalizarlo políticamente… y lo lamentable es que lo ven como un comportamiento natural hacia las mujeres.

    “Es política” argumentan al cancelar con la mano en la cintura – e ínfulas de sabelotodos-, los derechos sociales y políticos de nuestro personaje.

    Ana Laura está formada en la capital del país, es académica, y aguda observadora del entorno social, con capacidad de registrar el fenómeno antropológico de la misoginia pero, lamentablemente una mayoría de mujeres y también de hombres, no solo no lo perciben, sino que lo reproducen al avalar y hasta solidarizarsev con este tipo de conductas.

    Para estar en condiciones de detectar la violencia política contra las mujeres con elementos de género, es indispensable tomar en cuenta que muchas veces se encuentra normalizada y, por tanto, invisibilizada y aceptada. Puede constituir prácticas tan comunes que nadie cuestiona, esa terrible violencia que hoy implota en el país.

    Un comportamiento tristemente habitual es el de despreciar la inteligencia femenina haciendo menos a la mujer al no considerar de relevancia lo que pueda aportar a la discusión y la excluyen de sus reuniones de “a de veras”. Piensan que el rol de la mujer ha de ser pasivo y obediente. Quien no obdezca es combatida por hombres y mujeres pertenecientes al violento régimen.

    Muchas d las mujeres supuestamente empoderadas lo aprueban, so pena de ser sancionadas si rompen esta silenciada regla para participar en la política o en ámbito público.

    La normalización de la violencia política da lugar a que se minimice la gravedad de los hechos y sus consecuencias. Asimismo, genera que se responsabilice a las víctimas. Además, legitima la “extrañeza” y el “reclamo” hacia las mujeres que la denuncian —poniendo en riesgo, sus aspiraciones políticas e, incluso, su integridad física y psicológica. Este “reclamo” y “extrañeza” se basa en la premisa de que “si las mujeres querían incursionar en el ámbito público, tendrían que ajustarse a las reglas del juego, afirma el estudio de la FEPADE.

    La historia de Ana Laura se repite en cualquier escenario que usted nombre, es un comportamiento cultural que se exacerba en ciudades que viven -de y para la política-, como en metrópolis al interior del país, similares a Xalapa, donde la cultura política, la lucha por el poder, es mucho más machista en todos los ámbitos sociales.

    La violencia política puede ser perpetrada por el Estado o sus agentes, por superiores jerárquicos, subordinados, colegas de trabajo, partidos políticos o representantes de los mismos; por medios de comunicación y sus integrantes. Además, puede cometerla cualquier persona y/o grupo de personas.

    Un ejemplo es el uso de la corporativista estrategia del mayoriteo, como una acción para controlar a la mujer y evitar incida en las decisiones, a menos que les convenga y eso, según el Comité CEDAW, en su recomendación 19, determina que la violencia contra las mujeres contribuye a mantenerlas subordinadas para que tengan escasa o nula participación.

    La CoIDH ha reconocido que la violencia basada en el género es una forma de discriminación en contra de las mujeres, pero esa élite siempre encuentra la manera de menospreciar a la mujer, descalificando, robándole el producto de sus trabajo, -como lo hacen en el ayuntamiento de Xalapa-, difamando, justificando su antiético proceder.

    Este tipo de violencia puede tener lugar en cualquier esfera: política, económica, social, cultural, civil, dentro de la familia o unidad doméstica o en cualquier relación interpersonal, en la comunidad, en un partido o institución política. Es decir, incluye el ámbito público y el privado.

    La violencia puede ser simbólica, verbal, patrimonial, económica, psicológica, física y sexual y puede efectuarse tanto en el ámbito privado como a través de cualquier medio de información (como periódicos, radio y televisión), de las /o en el ciberespacio.

    El violento bombardeo contra las mujeres políticas en Veracruz fue tal en las últimas elecciones, que captó la atención de la FEPADE, que actúa bajo la premisa “Democracia sin mujeres, es media democracia”.

    La FEPADE, entonces, activó en Veracruz el Protocolo para Atender la Violencia Política Contra las Mujeres, solo en el ámbito político electoral.

    Veracruz es punta de lanza para la FEPADE nos dice su representante en el estado. Un Protocolo que determina las formas en las que debe atenderse la violencia de género, que variarán dependiendo del caso que pueden ser penales, civiles, administrativas, electorales, internacionales.

    En este escenario, nos toca a las mujeres con liderazgo continuar la lucha para que la violencia política de género en otros espacios como asociaciones, proyectos comunitarios, ambientalistas, educativos, familiares, periodísticos, etc, tampoco se manifieste al encontrar la manera de evidenciarlos públicamente.

    Tal vez una Ombudswoman convendría.

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