Pasillos y Antesalas

Miriam Gracia Magaña

El 30 de octubre del 2009, la muerte alcanzó a Margarito Montes Parra, dirigente nacional de la UGOCP (Unión General Obrero, Campesina y Popular): en el estado de Sonora un grupo armado disparó contra él y su familia más de 300 balas. Con su partida, Margarito se lleva consigo un archivo de historias de terror, muchas de ellas tienen como protagonista principal al candidato de la Alianza PAN-PRD al gobierno de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares. Entre todas, sobresale una: la muerte de César Toimil, ocurrida el 29 de noviembre del 2005, en los límites de la presa “Miguel Alemán”, días después de haber invadido el rancho “Santa Gertrudis” de Yunes Linares, ubicado en el municipio de Tres Valles, en pleno corazón de la Cuenca. Todo el pueblo lo sabía, la entidad veracruzana también, nadie podía meterse con el “poderoso” Yunes Linares; quien lo hacía, pagaba con su vida, no sin antes ser torturado.

Margarito Montes era más que un líder, era un hombre completamente amante de su familia, enamorado como “Juan Charrasqueado”, corrido que gustaba de cantar en tardes bohemias; tuvo amores reales y duraderos, de los cuales nacieron muchos hijos, todo ellos queridos. Hombre desconfiado. Sin embargo, se sentía seguro en su rancho de Santa Cruz, población veracruzana situada en el municipio de Cosamaloapan de Carpio, en los límites con el estado de Oaxaca, el cual era una fortaleza forrada de madera de caoba y cedro, en donde tenía una impresionante cuadra que incluía caballos pura sangre árabes y españoles. Gustaba de las reuniones con carnes asadas y aderezaba el festín con anécdotas de los personajes de la vida política; muchas fueron las ocasiones que en ese lugar recibió a personajes de la vida política, el más asiduo fue Dante Delgado Rannauro, entonces Gobernador del Estado, quien siempre llegaba acompañado de José Becerra O´Leary, quien era el titular de la SEDAP (Secretaria de Desarrollo Agropecuario y Pesquero), culpable de que en muchas ocasiones los deliciosos filetes asados desaparecieran más rápido de lo normal por lo cual teníamos que esperar a que el anfitrión incluyera una ración extra en la parrilla. Dante y Margarito tenían una relación de respeto, impregnada de admiración mutua y por qué no decirlo, incluso de afecto; el líder campesino confiaba plenamente en la palabra del joven gobernante y los acuerdos entre ambos fueron respetados. Con Don Fernando Gutiérrez Barrios nunca hubo esa cercanía, aunque sí mucho respeto, era de los pocos personajes a quien Montes Parra realmente escuchaba, hasta el grado de mostrarse en muchas ocasiones un tanto sumiso; situación que no ocurría con el Presidente Carlos Salinas de Gortari, quien le permitía derecho de picaporte en los Pinos, esta columnista da fe de ello. Fue Don Fernando, hombre de palabra con Montes Parra y cuando murió el 30 de octubre de 2000, la tristeza del sonorense fue real. Quién diría que en la misma fecha, nueve años después, él también partiera.

En cambio, Miguel Ángel Yunes Linares fue un enemigo auténtico de Margarito: incluso, parte del gran equipo de seguridad con que contaba el dirigente de la UGOCP era por la desconfianza que tenía del ahora candidato de la Alianza PAN-PRD. “Ataca a traición, nunca de frente”, repetía una y otra vez de Yunes Linares. Cuando se le preguntaba sobre el asesinato de César Toimil, también rival suyo, no negaba que quisiera matarlo pero aseguraba que: “era el único guerrillero que quería que lo salvara la policía”; “no fui yo”, decía y responsabilizaba a Yunes Linares, quien a pesar de que le había invadido su rancho y tenía fuertes diferencias y enfrentamientos con el asesinado, nunca se le investigó.

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